Hoy: día de tu sorpresivo viaje.
Hoy, que te marchas sin equipaje,
¡te ruego, te exijo, te suplico y te obligo:
¡regresa aquí! ¡Regresa a mí!
Envuelto en la ausencia de tu despedida;
remendando corazones, pulsante mi herida.
Amargan mi alma los dulces recuerdos
que tu forzado abandono convierte en tormento.
¿A dónde has ido con tanta prisa,
dejándome pendido de esta cornisa?
Endeble desprenderme, caer al vacío,
rindo mi alma a la oscuridad y al frío.
Abrazos miles que no te dí.
Momentos que tuve más no compartí.
Despilfarrados mi suplicio y mi rogar,
ante oídos sordos por tu jornada aplazar.
Hoy, cerrando al fin la cubierta,
tras lúgubre séquito atravesarás la puerta.
Sombrío es el sendero de las flores,
despojadas de aromas, belleza y colores.
Veloces pasos nos llevan por la vida.
Lento es el camino hacia la eterna despedida.
En solitario llanto pregonamos nuestro arribo.
Sinfonía de quebrantos que nos destierra al olvido.
La hora ha llegado, y te digo adiós
Contigo dejo esta, mi última flor.
Puedes irte, trascender en paz
que mi alma y mi mente nunca dejarás.
Hasta nunca...Hasta pronto... Hasta siempre
¡Dios, cuán solo he quedado de repente!
Y ahora que tu dolor ha terminado,
sepúltese el mío también a tu lado!
¡Gracias Nancy, por todo lo que fuiste, por todo lo que diste!
¡Gracias por compartir tu corta vida con nosotros!